¿Cultura jerárquica o culturas inclusivas?

La palabra “cultura” cogió importancia cuando al Gobierno se le dio por aprobar la creación de un Ministerio que vele por el tema.  Bastante polvo se levantó entre columna y columna, pero el tema se ha apagado en los medios, al menos hasta que comience a trabajar y alguien se gane el título de Ministro de Cultura.

Opiniones al respecto surgieron en su momento: Roberto Bustamante, @elmorsa, hizo un análisis somero sobre la ley de mecenazgo y, en una entrevista con Henry Spencer, explicó su preocupación por los problemas que podrían surgir al tratar de atribuirle temas tan dispares como la promoción de artistas nacionales y los reclamos por el respeto de las tierras en temas mineros. Al respecto, Álvarez Rodrich y José Alejandro Godoy también mostraron su escepticismo. Pero es inevitable pensar en la importancia de la promoción de la cultura a nivel nacional.

Por eso, alejándome un poco del carácter político del tema, me quiero dedicar a poner sobre el tapete lo que entendemos cuando se dice “cultura”. Y no, no es algo tan vano ni mucho menos tan obvio.

El interés me nació al leer el “Breve discurso sobre la cultura” de Mario Vargas Llosa en Letras Libres y la crítica correspondiente por Gustavo Faverón en Puente Aéreo, separada en dos partes (aquí la primera, aquí la segunda)

Si no están dispuestos a tragarse una hora de lectura pesada, en resumen, Vargas Llosa defiende la necesidad de una concepción jerárquica en la cultura, colocando a la occidental como el supuesto deseado y humanizador bajo el cual se debe educar al resto de culturas “inferiores”. Faverón lo critica inmediatamente y resalta el valor de pensar a las culturas como manifestaciones y costumbres horizontales, capaces de moldearse, modificarse y, a través de este intercambio, evolucionar.

Les recomiendo plenamente la lectura de ambos textos para que saquen sus propias conclusiones. Pero no puedo evitar decir que en mi cabeza no entra la idea de un occidente elitista. Vargas Llosa lo considera necesario para evitar considerar como similares a la cultura de las bellas artes que “promueve la democracia” y a otras que poseen escalas de valores, a nuestros ojos, cuestionables. Y lo entiendo, pero no puede caerse en el error de considerar inferiores otras expresiones sociales.

Pensar en una sola cultura sería pensar que existe una abstracción de belleza estética universal. Craso error. No puedo apoyar al novelista si considero la infinidad de culturas peruanas como capaces de aportar a nuestra tradición e identidad nacional, si pienso que sus expresiones artísticas pueden de ser difundidas, estudiadas y desarrolladas, si idealizo que algún día una ópera nacional poseerá elementos andinos, si veo en una buena marinera norteña y en una puesta en escena del ballet “Coppelia” dos bailes hermosos y únicos, cada uno con sus propios códigos estéticos.

Pie de página:

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