El friaje es natural, sus víctimas no

El 2005, por esta época del año, visitaba la comunidad de Pampallacta en el valle de Urubamba, a 3900 m.s.n.m. El frío me obligó a no bañarme, a cubrirme con tres capas de lana y casacas y a limpiarme la nariz cada tanto por los eventuales sangrados ocasionados por los vasos capilares congelados.

Sin embargo, los pequeñines de la zona, esa manchita liderada por Cirilo y José, no dejaban de sorprenderme. Con un par de polos viejos y una casaca delgada se paseaban todo el día por lo cerros, evitando piedras y maniobrando en esos trechos donde yo no hacía sino andar torpemente. Sus pies descalzos, provistos solamente de sandalias, corrian ágilmente mientras jugábamos al futbol. Por supuesto, los partidos los perdíamos siempre ante los chibolos. Yo siempre al borde del colapso, cuando para ellos el segundo tiempo recién había empezado.

De madrugada, por fin sentí lo que es un frío de 10 grados bajo cero. La cara se me desquebrajaba ante el viento helado.

Los niños son los más vulnerables

Es por eso que al enterarme de que ya se han reportado 182 niños fallecidos por neumonía en regiones a pesar de que el gobierno trata de tomar cartas en el asunto, siento que sangra una llaga que no me termina de cerrar. En esas cifras tan insípidas a veces veo el rostro de los niños jugando fútbol, sonrientes, riéndose de mi escasa capacidad para tolerar el frío.

Cada año se inician campañas para donar ropa y frazadas para apoyar a los más pobres, quienes más sienten el golpe de la temperatura inclemente, y cada año se reportan más muertes de menores de edad y de adultos mayores por culpa de un frío que todo el mundo prevee. Pero la culpa no es del clima, sino algo mucho más profundo: esa pobreza de la que no terminan de salir esas comunidades aisladas y olvidadas.

Me quedo con los párrafos finales de la editorial de Gestión del 14 de julio:

¿Cómo es posible que no se pueda estar preparado para las bajas temperaturas y para atender a los afectados si las heladas ocurren cada doce meses? Ni el gobierno nacional ni los gobiernos regionales actúan de manera efectiva.

¿Habrá que esperar que la prensa comience a informar de muertes de niños o pérdidas de cultivos y ganado para que los ministros salgan a declarar que tienen “planes” de acción, en lugar de operativos ya montados y listos para actuar? Esperemos que ese mal hábito de responder cuando el daño ya está hecho desaparezca. (resaltado es obra de su servidor)

Pie de página

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