Cuando el gas depende de la suerte

Estas últimas semanas hemos comprobado que el Presidente, su equipo ministerial y Osinergmin saben muy bien cómo meter la pata hasta el fondo una tras otra y en fila india en cuanto a gestión de los recursos mineros nacionales corresponde.

Casi como planificado, surgen las críticas contra Inambari, Pluspetrol en el Marañón y Caudalosa en el Opomayo se han puesto de acuerdo para contaminar en sus respectivos ríos y, como para que la sintamos de verdad, la capital se quedó sin GLP por la voluntad de Poseidón durante una semana.

Mientras Seiya y su gente se dedicaban a bajarse a los caballeros marinos para que la embarcación Bush Venture atraque en el Callao, el ejecutivo se comenzó a poner nervioso mientras trataban de frenar las especulaciones e intentaban convencer de que todo estaba bajo control.

No, no se pronunciaron firmemente cuando los desbordes de relaves hacían de las suyas en Loreto y Huancavelica. Se dijo que la contaminación era mínima y que se castigaría a los responsables. Para variar, lo primero resultó falso, y lo segundo sigue en espera. Tan sólo se han detenido las obras extractivas de Caudalosa. Pucha, hasta Obama le puso una multa de muchos ceros a BP.

Recién cuando en las radios y los medios comenzó a sonar la escasez de GLP en Lima, reaccionó el gabinete ministerial. “No es un problema de escasez, sino de provicionamiento. Hay gas de sobra, sólo que el transporte no puede entregarlo”.  Y por ahí andaba el barco, esperando, mientras la paranoia crecía. Eso, antes que justificar las faltas, prueba con más fuerza la incompetencia de las autoridades.

Osinergmin y los ministerios de Energía y del Ambiente han demostrado una perfecta incapacidad. ¿Las reservas que debían existir para los siguientes 15 días? ¿Planes de contingencia? ¿Alternativas de transporte en caso los dioses marinos se encaprichen? No, mejor dediquémonos a ensuciar la imagen de quienes defienden a los pobladores amazónicos y exigen una fiscalización en la minería. Aparte, ¿soy solo yo, o parece que el ejecutivo se pone las pilas recién cuando la capital se siente afectada, ignorando a las regiones?

Bajó la tensión, pero el daño en provincias ya está hecho. Mientras tanto, acá en Lima, seguiremos dependiendo de la suerte para no perder el suministro de combustible. Felizmente, la reencarnación de Poseidón resultó ser un pavo más.

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