La novela de los sábados a las 10

Sábado por la noche. Miles de familias peruanas esperan hasta la media noche para conocer cuál será el próximo eliminado. La tensión envuelve la pantalla de televisión mientras una rubia conductora menciona uno a uno los elegidos. Es la competencia más importante de la televisión peruana capaz de superar en rating al deporte rey. Es, damas y caballeros, el Gran Show… ¿de qué? ¿De los sueños? No. ¿Del arte escénico? Menos. ¿Entonces?

La temática es simple: un personaje famoso (figureti)  baila al lado de un “soñador” (llámese así al joven o señorita que busca con ansias cumplir un deseo para favorecer a su familia o vecindad y no encuentra mejor opción para lograrlo que pasarse casi 3 meses BAILANDO), compiten junto a otras once parejas por el costeo integral de un sueño y un premio en efectivo de 30,000 nuevos soles, los cuales serán repartidos en partes iguales entre el famoso, el soñador y su coreógrafo.

Los realitys de baile son un boom pues han logrado juntar lo que más vende en la televisión: emociones intensas, competencia, escándalos, diversión, famosos las 24 horas del día, celos, ambición, amor.

Negocio redondo.

Tal es su acogida que existen versiones parecidas en países como Dinamarca, Bélgica, Estados Unidos, Francia, España, Chile y México. El Perú no es la excepción y tener un concurso de baile se ha convertido en un requisito casi indispensable si lo que se busca es mantener en vilo al televidente. Así tenemos: El Gran Show, Amigos y Rivales (versión 500) y  el Gran Chongo.

¿Pero qué se le puede criticar a un programa que busca ayudar a la gente? Tal vez que su mayor fortaleza no sea precisamente el altruismo sino la posería de deportistas, políticos, vedettes, actores, bailarines frustrados, etc., que los famosos héroes cobren un sueldo (acuerdos o contratos son privados) o quizá que el concurso se ha convertido un show de reencuentro amoroso.

Es cierto, es televisión. Pero aunque sea difícil de entender, es la televisión el medio masivo por excelencia y debe ser ella la que más aporte al desarrollo, por lo menos cultural, de los ciudadanos. Pero sí solo vemos calatas y calatos bailando reggaetón bajo el agua con el cuentazo de qué esto es solidaridad no vamos a llegar a ningún lado. Repito (tristemente), a ningún lado.

Pie de Página:

Malversando por un sueño

El show de qué sueños

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Comments
2 Responses to “La novela de los sábados a las 10”
  1. dos puntos breves: el primero como comunicador. entretenimiento puro, hueco y calidad ínfima. receta ganadora en nuestra televisión nacional. el segundo como alguien que ha estudiado un poco de baile. eso que hacen frente a cámaras no es baile. esas coreografías de puro show visual (y calenturiento, muy calenturiento) no expresan nada. y se quejan porque delly madrid perdió con esa cochinadas que armaba chumbe.

    el baile es un arte, pero el gran show se encarga en degradarlo ante su altísimo nivel de audiencia… y vaya que lo hace bien. es sólo una vitrina para elevar los honorarios de las figuras ahí participantes, sobre todo de la conductora y su marioneta con dos pies izquierdos.

    • Christian Rivera dice:

      “Hoy el Perú es una no declarada monarquía donde reina la estupidez y las cortesanas bailan los sábados en el 4.” -C.H.

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