Sin metropolitano y con mucha confusión

Primero acotemos lo dicho por  Bill Clinton en su visita a Lima sobre el Metropolitano:

“Lima es una ciudad que está a la vanguardia y es un ejemplo mundial en el tema ambiental al apostar por un sistema de transporte que reduce las emisiones contaminantes, con lo cual se contribuye a detener el calentamiento global y a mejorar la calidad de vida de la genteManifestó el ex presidente norteamericano.

Es cierto. Un medio de transporte como este puede ayudar, sin lugar a discusiones, al cuidado del medio ambiente y la salud pública. En las ciudades en donde este servicio no tiene nada de novedoso, el usuario sabe cuáles son sus ventajas, beneficios y normas; es decir, se encuentra informado. Pero este saber no es innato en cada ciudadano. Lo sabe porque la entidad responsable se lo enseñó. Y es que cuando se realizan obras de tal magnitud  se debe explicar el porqué, el cómo y los objetivos que tiene este servicio por medio de una buena comunicación.

Es aquí donde nuestro alcalde falla. Abril, Mayo y Junio pasan ante nuestros ojos junto con varias denuncias e intrigas sobre los gastos hechos en la obra(  presupuesto de 190 millones de dólares que subió a 300 millones de dólares). Conclusión: el proyecto no tiene cuando acabar(ver pie de página).

“Las obras hablan por mí” menciona Castañeda. Y es que lo que tiene un político le falta a otro. El burgomaestre se olvida  que en una ciudad tan caótica como Lima,  no se pueden cambiar las cosas a la fuerza ni con imposiciones. Debió diseñar una estrategia de información  efectiva que llegue a la mayoría de usuarios, señalando los plazos fijos de culminación y las nuevas rutas (alternas) para evitar confusiones.

Hace una semana varias líneas de transporte cambiaron sus rutas por la  “terminación”  de la obra. La única información dada fue  hecha por las mismas empresas. Sin embargo el municipio poco o nada pone en manifiesto.

Aquí una pequeña entrevista de Primera Edición a Castañeda:

Esperemos ya no tener que salir de casa y  darnos cuenta, en el paradero de siempre, que nuestro carro ha cambiado de ruta cinco cuadras “más allá” .Todo va de la mano alcalde. Lástima que Bill Clinton no se dio su paseíto de prueba por nuestra ordenada capital.

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